Lo mocho del ojo

23 Dic

Por Emmanuel Biset*

 

La crítica completa quizá no sea la que aspira a la totalidad ni la que inspira a la intimidad; es la mirada que sabe cómo demandar, en su rotación, distancia e intimidad, sabiendo de antemano que la verdad no está en uno u otro intento, sino en el movimiento que pasa, infatigablemente, de uno a otro. No hay que rechazar ni el vértigo de la distancia ni el de la proximidad; hay que desear ese doble exceso en el que la mirada siempre está a punto de perder todos sus poderes.

Jean Starobinski

1.

¿Qué es un ojo mocho?

¿Se trata de un ojo golpeado, lastimado, entumecido, hinchado, magullado? ¿Se trata de un ojo sin visión, ciego, uno menos? ¿Y una u otra cosa será por golpes de dolor, espasmos de risa, la nebulosa de un llanto? ¿Si el ojo ya ha sido mocho, si lo fue en una época, en su luz o su sombra, cómo es posible que otra vez el ojo esté mocho? No algo nuevo, no una ruptura, no un corte abrupto, sino algo que insiste: El otra vez ojo mocho.

Para empezar podemos preguntarnos qué de la visión de un ojo mocho y qué de un ojo que reaparece. La vieja metáfora de la visión atraviesa de un lado a otro la tradición occidental, hasta confundirse con aquello que llamamos conocimiento, saber, poder. De un modo u otro, la visión ha sido el sentido entre los sentidos. Pero aquí no se juega una teoría de cómo conocemos el mundo, sino de la mirada como lugar de observación de lo que sucede. Y allí se trata de pensar cómo mirar con un ojo que deja la tranquilidad de un lugar externo, para ser golpeado –tocado– por el mundo. Como alguna de las imágenes de Gatica, el mono, y sus ojos abollados por trompadas que, sin embargo, siguen mirando, viendo.

Hace algo así como veinte años empezaba esta aventura de ver con ojos golpeados. Hoy otros toman la posta, repitiendo el gesto, señalando que todavía el ojo sigue mocho. Asumen la herencia y señalan el lugar de un cambio. De un lado, la herencia de seguir pensando en el cruce entre crítica y política allí donde el presente se transforma en una urgencia. De otro lado, el cambio que deja entreverse en la pregunta que organiza el número, esta nueva época dudosa que se traza desde dos nombres propios: David Viñas y Néstor Kirchner. En la estela de la crítica que convoca el nombre de Viñas tratar de superar el antagonismo entre autonomía y compromiso, esto es, pensar una crítica a la vez autónoma y comprometida para pensar nuestro tiempo político, aquel que lleva el nombre de kirchnerismo.

Crítica, política, presente. Quizá entre estas tres palabras surja cierta forma de indagar el tiempo vivido.

 

2.

Ese repetido ojo mocho esta vez comienza con una pregunta: ¿Nueva época? Pregunta que ya en la extensa entrevista con Rinesi se responde, a la vez, de forma afirmativa y negativa. Quizá en esa doble respuesta se encuentra la razón de ser de la revista. Responder que sí vivimos una nueva época, al mismo tiempo que negamos tal novedad y se reafirman las formas de aquella supuestamente lejana década del 90.

La respuesta es afirmativa, vivimos una nueva época, porque ya el horizonte político, cultural, no está configurado por las coordenadas del menemismo. Ese ismo con el cual surge inicialmente el ojo mocho, que también configuró un lugar de la crítica, se constituye discursivamente como lo opuesto del tiempo kirchnerista. Como si se pudiera decir, no sabemos qué es el kirchnerismo, sólo podemos decir que no es menemismo. Esta vía negativa da lugar a un tiempo nuevo, según se dice en la editorial, donde un enorme caudal social se articula a su realización y continuación colectiva. Siendo así, ¿será todavía tiempo de ojos mochos? ¿Qué es aquello que golpea nuestros ojos y la mirada surge de lo entreabierto? O en una palabra, ¿cuál es el lugar, el estatuto, la forma de la crítica en el kirchnerismo?

La respuesta negativa parece dar lugar a pensar porque todavía el ojo sigue mocho, o mejor, porque el ojo está otra vez mocho. Podemos responder que no vivimos una nueva época porque la crítica sigue configurándose ante dos frentes. Por un lado, en el diálogo que abre la revista se señala con claridad de qué modo, la academia, la universidad, el Conicet, no han sino consolidado un modelo de docente-investigador propio de la década del 90. A pesar de la reiterada apuesta por la ciencia y la tecnología que encuentra su hipérbole en tecnopolis, el modelo parece ser el de una investigación que menosprecia la docencia. Por otro lado, en la continuidad de cierto progresismo bienpensante, o como se repite en la revista, posibilista. Progresismo que, o bien sigue ubicando la crítica en una autonomía incontaminada o en el compromiso paraestatal, o bien considera que su límite es lo posible que siempre es definido a priori.

Parece entonces que el ojo mocho aparece otra vez porque, al mismo tiempo, algo ha cambiado y porque las cosas siguen bastante parecidas. Y así la pregunta sería, ¿qué significa el «otra vez» que acompaña al ojo mocho? ¿Qué es lo que esta vez hace que el ojo esté mocho?

 

3.

Todo esto porque el ojo mocho es una forma de indagar, cuestionar, conmover, el lugar en el que precisamente estamos. El de cierta academia que no quiere pensarse, imaginarse, hacerse, como una mirada aséptica, que juzga o aconseja desde su supuesto saber. Otra cosa, otros saberes, otras escrituras, allí donde ya no se trata de pensar en la mirada de un ojo mocho, sino en aquello que toca, golpea, abolla, todo nuestro cuerpo en el presente, o mejor, en los múltiples presentes de nuestro tiempo.

Lo mocho del ojo, el mundo que toca, raspa, golpea, acaricia. Allí donde el desafío es preguntar al mismo tiempo por lo nuevo de la época y por el modo de nuestros ojos mochos. Quizá entonces tocar, dejarse tocar, y no ver. Una mirada que pierde todos sus poderes en el doble exceso de la distancia y la proximidad, porque los que nos toca nos golpea hasta dejarnos ciegos.

 

*Le agradecemos a Emmanuel Biset estas palabras, leídas en la presentación del primer número de El Ojo Mocho (otra vez), en Córdoba el 19 de diciembre de 2011.

Anuncios

Presentación en Córdoba – 19/12

17 Dic

Presentación de El Ojo Mocho (otra vez)
Lunes 19 de diciembre – 19 horas,
en el aula “D” (Horacio Faas), Pabellón Residencial,
FHyH (Decanato), Ciudad Universitaria.

Presentan la revista: Paola Gramaglia, Emmanuel Biset, Emanuel Rodriguez y Matías Rodeiro

Presentación

12 Dic

Fotografías de la presentación en el Auditorio David Viñas del Museo del Libro y de la Lengua (6 de diciembre de 2011).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Presentación | 6 de diciembre

27 Nov

Editorial y Sumario

27 Nov
El Ojo Mocho, ¿nueva época?
/
La intensidad política de este tiempo reconfi­gura los puntos cardinales que la década an­terior parecía haber fijado en juicios y orien­taciones claramente determinadas. ¿Cómo se ha producido esa inflexión? ¿Qué de esa inflexión se espeja en el pasado? ¿Y cómo es que se direcciona hacia un porvenir? En este número de El Ojo Mocho no hay respuestas unívocas, sin em­bargo hay una obligada búsqueda del repo­sicionamiento de la crítica, motivada por el impulso de la época. Esa búsqueda sin cer­tezas definitivas sitúa la discusión en el lo­cus mismo en donde se produce el desplaza­miento. Desde allí retrocede y avanza, para encontrar, en ese movimiento, el movimiento mismo de lo político. ¿Cuáles son los nom­bres que configuran nuestra época? ¿Cuá­les son sus desafíos? ¿Y cuáles sus límites?
/
Grupo editor: Alejandro Boverio, Darío Capelli, Matías Rodeiro 
/
/ / / Entrevista a Eduardo Rinesi
/
Escriben:
Alejandro Kaufman / Maria Pia López / Alejandro Boverio / Darío Capelli / Matías Rodeiro / Gerardo Oviedo / Jack Nahmías / Juan Laxagueborde / Nicolás Lavagnino / Guillermo Vázquez / Gabriel D´Iorio / Diego Sztulwark / Verónica Gago / Cecilia Flachsland / Mauro Miletti / Eduardo Muslip / Shirly Catz / Magdalena Demarco / Florencia Gómez / Fernando Alfón / Sebastián Russo / Facundo Martínez / Juan Terranova / Horacio González
/